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Archive for November, 2012

Hora: 2:55 A.M.

Está sentada en su cama, arropada y con su viejo peluche. Ese peluche que nunca abandona, donde va, lo lleva. Parece cosa de niños, pero para ella es seguridad y aferrarse a un pasado, un buen pasado del que siempre quiere llevar parte.

La película que está viendo se acaba, lleva dos horas sumergida en un mundo que no es el suyo pero que le hace pensar en su vida, su pasado, su presente y su futuro.

Está nerviosa y no puede dormir, busca en su mesilla y lo encuentra. El último cigarro del paquete, el que prometió que nunca encendería.

Pone música, busca esa canción que ha sonado en la película y que llevaba tantísimo tiempo sin escuchar y cierra los ojos por un momento, se deja llevar como si estuviera en el mar y fuera arrastrada por las olas, una lágrima asoma tímida y se desliza por su mejilla, veinte segundos después abre los ojos y  mira el reloj.

 Hora: 3:05 A.M.

Observa el cigarrillo, sigue dentro del paquete, lo tiene abierto en su mano izquierda y de repente la canción se acaba. En ese momento piensa en poner otra, en encender el cigarro, en salir al balcón y tomar el aire, en irse a dormir, está en ese punto en el que cualquiera de esas cosas sería lo mismo que otra de ellas, en ese preciso instante en el que todo, todo tiene y carece de sentido.

Sabe que irse a dormir no es una buena idea, no va a dormir, ese maldito insomnio que cada vez mas a menudo aparece sin saber por qué por las noches.

Deja el paquete con el cigarro aún dentro sobre la mesilla y busca un mechero, lo encuentra y enciende una pequeña vela, apaga la luz y pone otra canción.

Hora: 03:13 A.M.

La canción suena y esta vez no cierra los ojos, mira el cigarrillo, sigue ahí, lleva mucho tiempo, se había prometido tantas veces que no lo encendería que le invade una sensación de culpabilidad abrumadora. Más lágrimas asoman por sus ojos.

Toma otra vez el paquete y saca el cigarrillo, lo observa detenidamente y de pronto con la vista fija en él, ya no lo mira, está perdida, en otro mundo, demasiados recuerdos acuden a su mente. Ve una parte del pasado encerrada en ese cigarrillo, la parte mala, la parte de noches en vela, de llantos, de nervios, no le gusta, su cara refleja tristeza y melancolía, decide encenderlo. Es el último, piensa, cuando se acabé, todo habrá terminado, no quedará nada más, quizás los recuerdos se esfumen al consumirse el cigarrillo. Coge la vela y lo enciende, da la primera calada y suelta el humo, despacio, parece liberarse de un peso enorme. Está disfrutando y poco a poco se relaja.

La canción que sonaba se ha parado hace tiempo, decide poner una lista entera, huye del silencio como si de un fantasma se tratara, huye del silencio en el que tantas veces se había refugiado.

Apaga el cigarro, no quiere que se acabe, es el último, no sabe si está preparada para que de verdad se consuma y se levanta de la cama.

Mira a través del balcón, a lo lejos, ve esas luces, esa ciudad, se fija en los edificios, la carretera que pasa justo debajo de su casa, no hay nadie. Clava su mirada en un enorme rascacielos, una ventana tiene luz, juega a imaginar que puede haber dentro del piso, quizás hay alguien como ella, o quizás un estudiante agobiado por exámenes, o una pareja dejándose llevar, quizás sea una señora que se ha levantado a beber agua o simplemente se han dejado la luz encendida por descuido.

Va a su escritorio y coge unos cuantos papeles y un bolígrafo, vuelve a la cama y enciende una lamparita que tiene en la mesilla y ahí está otra vez, sentada dante del papel y con un mundo de palabras por escribir.

Ni siquiera se acuerda de la sensación de libertad que sentía cuando escribía, no sabe ni el tiempo que hace que no se ponía a ello. Será que sólo lo hacía cuando algo no iba bien y sentía que tenía que sacar toda esa rabia, ese dolor o esa tristeza de alguna manera de su cuerpo.

¿Por qué lo dejó?

No lo sabe. No quiso seguir, dejadez y vagancia o simplemente no ha vuelto a sentir esa necesidad. ¿Quién sabe?

Las palabras empiezan a brotar al ritmo de la música, de repente para, se tumba sobre la cama apoyando su cabeza encima de la almohada. Se queda mirando la vela que aún sigue encendida y se queda dormida.

Hora: 03:30 A.M.

Hora: 04:27 A.M.

Tiene frío y se despierta, la vela continua luciendo, toda la habitación se ha impregnado de ese olor a manzana que desprende.

Mira el cigarrillo, ahí sigue, apoyado en el borde de la mesa, lo coge y lo vuelve a encender.

Toma también los papeles y el bolígrafo con el que estaba escribiendo, los tira al suelo al lado de la cama y se queda mirando fijamente a la foto que tiene en la pared. Piensa en él durante un momento y sonríe, mira el teléfono, que no suena y de pronto más lágrimas caen por su rostro, esta vez no paran, da la impresión de que hubieran estado retenidas durante mucho tiempo y ya no caben más y tienen que salir, ella no hace nada por impedirlo.

Piensa, se acuerda de la película que ha visto, del chico, de la moto, del puente y del candado, de la llave, de lo efímero de las cosas, del siempre y nunca, de lo que pudo haber sido, lo que es y lo que no será nunca, vuelve a mirar la foto y esta vez sonríe con más intensidad, pero también llora con más rabia. No se seca las lágrimas, su cara parece un río que nace en las montañas en plena época de deshielo.

Está sentada, tiene la espalda sobre el cabecero de la cama, deja caer su cabeza para atrás, el pelo le resbala por los hombros. Calada a calada va consumiendo el cigarro, mira el humo. Observa detenidamente como sale de su boca y se pierde por la habitación, poco a poco se va tranquilizando. Nota sus ojos cansados de llorar, la frente caliente y le recorren escalofríos por el cuerpo. Mira una vez más el teléfono y no suena.

El cigarrillo se acaba, lo deja en el cenicero.

La música ya no está, no sabe si quiere silencio o no, pero vuelve a ponerla  y otra vez esas viejas canciones de amor se abren paso entre el silencio.

Se siente agotada, no quiere pensar más, no le hace bien pensar, demasiadas cosas ocupan su cabeza y solo quiere dormir, dormir mucho tiempo, descansar y levantarse un nuevo día y no acordarse de nada.

Abre otra vez la mesilla y saca unas pastillas violetas, se toma dos y espera que su efecto somnífero no tarde mucho en aparecer, como muy tarde, en media hora estará durmiendo.

Mira el reloj.

Hora: 4:53 A.M.

Vuelve a mirar la foto, primero se mira a ella, luego a él y luego a los dos. Su cara refleja felicidad, piensa en él, en ambos y lo que están viviendo. Es plenamente feliz o así debería ser, nunca ha vivido nada igual ni ha querido a nadie de esa manera. Pero mira el teléfono y como antes, no suena.  Pasa mucho tiempo sin despegar la vista de la imagen, muchos momentos acuden a su mente, los va analizando y su cara es el reflejo de cada uno de ellos. Siente miedo, alegría, tristeza, felicidad, vértigo, dulzura… lo siente todo, no hay sentimiento que no recorra su cuerpo.

Se siente desfallecida, parece que las pastillas han hecho su efecto, se deja caer en la cama, cierra los ojos y duerme.

Hora: 5:23 A.M.

Mañana será otro día.

El teléfono ya no sonó en toda la noche porque ella lo puso en silencio antes de irse a dormir.

Hora: 13:56 P.M.

Se despierta y ve la llamada, esta vez volvió a llorar pero de felicidad. Toda la noche anterior queda como un sueño, un mal sueño y su vida continua, la vela sigue luciendo, una pequeña llama continua encendida luchando por sobrevivir a un mar de cera que la rodea, sopla y la apaga. Mira la foto y sonríe, esta vez totalmente convencida, suelta una carcajada Nunca había estado tan segura de algo. Se levanta de la cama de un salto, pone la radio y empieza a bailar. Lo piensa, es feliz, realmente feliz y todo merece la pena. Es totalmente consciente de que el tiempo se escapa, quiere vivir todo, disfrutar de cada instante.

Debajo de la cama, quedan ocultos los papeles y el bolígrafo, es como si un pequeño duendecillo los hubiera escondido para que algún día los encuentre y recuerde que no todas las lágrimas son de tristeza y que a veces merecen la pena, que después de la tormenta llega la calma y que siempre hay momentos malos, pero que todo pasa.

CARPE DIEM.

Image

Grinais.

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